“Arrugas” en un día para recordar

sep 21st, 2012 | By ConchiLL | Category: Últimos Kekortos


Hoy es el Día Mundial del Alzheimer y Kekorto no lo ha olvidado. Desde aquí, queremos homenajear y animar a todas aquellas personas que lo están viviendo cada segundo de sus vidas. En nuestro deseo y haciendo memoria, rescatamos un magnífico cómic. Su nombre “Arrugas” y su creador Paco Roca. Sin duda, los mejores recuerdos en un día tan inolvidable.

Qué importantes son los recuerdos de nuestra vida. Esa especie de halo llamado memoria, y el no olvidar. No llegamos a ser conscientes realmente de hasta qué punto son tan importantes. Y es que nuestros recuerdos son nuestra vida, nuestra historia. Nuestro mundo y nuestro ser. Sin la memoria, los recuerdos desaparecen, y sin ellos el alma se va apagando hasta que finalmente el cuerpo vencido, se queda vagando dando tumbos en un mundo de sombras y vacío. ¿La vejez? Sí. A veces el tiempo se convierte en nuestro peor enemigo, y nos conduce inevitablemente hacia ella. La estación senil la llaman, la última parada de nuestro viaje, con un equipaje cargado de achaques, manías, y de las actitudes propias de la edad de los viejos.
¿Y el Alzheimer? Una batalla cruel. Y tal vez, una broma macabra de la vejez.

Una demencia llamada Alzheimer

Técnicamente los expertos consideran que la enfermedad de Alzheimer, que sin duda es la causa más frecuente de demencia irreversible en los ancianos, es un trastorno grave, degenerativo, producido por la pérdida gradual de neuronas cerebrales, cuyo origen es aún desconocido. Suele aparecer a medida que se van cumpliendo años, siendo muy rara en los pacientes jóvenes y ocasional en los de mediana edad. En concreto, este tipo de demencia afecta a las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje.

Desafortunadamente, aunque cada día se sabe más sobre esta dolencia, todavía se desconocen las razones exactas de su aparición, y hoy por hoy no se cuenta con un tratamiento realmente eficaz.

 

“Entre un 25% y un 50% de las personas con más de 65 años se aprecian problemas subjetivos de pérdida de memoria; no obstante, los expertos consideran esta disminución de las capacidades como algo dentro de lo normal, asociado a la edad ”


En cuanto a las demencias en general, se puede decir que conllevan básicamente deficiencias en la memoria a corto plazo -se olvidan las cosas que acaban de suceder-, y a largo plazo -se eliminan los recuerdos-, ligadas a problemas del pensamiento, del razonamiento, a otros trastornos de la función cerebral y a cambios bruscos en la personalidad.

En este sentido, las demencias se están convirtiendo actualmente en uno de los problemas sanitarios más peligrosos de nuestra sociedad, al ser ésta cada vez más anciana. Datos recientes lo confirman, ya que su frecuencia se está duplicando cada cinco años -a partir de los 65 años-, y se estima a su vez que más del 30% de los pacientes mayores de 85 años tienen o tendrán demencia. Y lo abrumador, es que la mayoría de ellas son o serán de tipo Alzheimer.

Llegada a la estación senil y camino de la residencia: el hotel de la soledad

Vejez, demencia, Alzheimer. Son palabras que no deberíamos olvidar nunca. Vejez, demencia, Alzheimer. Las repito porque el ritmo que marca nuestra sociedad actual, hace que nos olvidemos de ellas muy a menudo, o simplemente que no queramos recordarlas para no enfrentarnos a la realidad. Una realidad dura y cada vez más frecuente: las residencias se convierten en la “salvación” para una gran mayoría de familias que prefiere “alojar” a sus mayores en estos “hoteles”. Unos hoteles con todas las comodidades, llenos de personas, pero vacíos de sonrisas y repletos de soledad.

Con esto no pretendo juzgar a nadie. No es mi intención. A veces, las circunstancias son tan terribles que no es posible otra alternativa. Y por ello, las residencias son necesarias, no lo discuto. Pero ¿y aquellas visitas prometidas que ya no llegan? ¿Dónde están esas llamadas de cariño? ¿Y esas caricias? ¿Dónde se han perdido la preocupación y la culpabilidad? ¿Dónde? Y es que con el tiempo nos olvidamos de lo verdaderamente importante y necesario para nuestros ancianos, y en la mayoría de los casos se acaba optando por la salida más cómoda. Nuestros mayores se terminan convirtiendo en “trastos” viejos, inútiles y defectuosos, adecuadamente cuidados en residencias pero, al fin y al cabo, alejados de sus seres queridos -su auténtica medicina- y amargamente olvidados.

A grandes rasgos, esta es una de las principales ideas que ha querido transmitirnos Paco Roca con su magistral cómic “Arrugas”. Una novela gráfica publicada en nuestro país por Astiberri, en noviembre de 2007. Con esta obra, el genial dibujante ha demostrado que hoy con viñetas también es posible hablar de cualquier historia. Y es precisamente la historia que se nos cuenta, lo que más sorprende de este cómic: “Emilio, un antiguo ejecutivo bancario, es internado en una residencia de ancianos por su familia, después de sufrir nuevamente otra crisis derivada de su enfermedad de Alzheimer. Allí trata de convivir con sus nuevos compañeros -cada uno de los cuales con un carácter y un cuadro clínico diferentes-, y con los cuidadores que les atienden. Poco a poco Emilio se va adentrando en una rutina diaria monótona, aburrida y repetitiva de horarios prefijados: las comidas, la toma de los medicamentos, la siesta, la gimnasia, la vuelta a la cama … Harto de esa realidad, decide luchar contra su enfermedad para intentar mantener la memoria y así evitar ser trasladado a la planta de arriba: la planta de los asistidos. Para ello, cuenta con la ayuda de Miguel, su compañero de habitación … y de aventuras …”

Con este argumento de corte social, Paco Roca ha demostrado que el Alzheimer y la demencia senil -temas un tanto delicados- también podían tratarse en historieta y gustar. Una apuesta arriesgada que ha funcionado por la intensidad de la historia, contada de un modo intimista, entrañable y con una gran sensibilidad, a la que se le unen tintes de humor pero sin caer en lo grotesco u ofensivo. Sorprende, emociona, conmueve y cautiva hasta convencer.

Para el dibujante, “Arrugas surgió de la necesidad que tenía de hablar sobre la vejez”. Una necesidad que le llevó a investigar sobre la misma durante unos seis meses aproximadamente, visitando diversas residencias de ancianos, con el fin de conocer de primera mano cómo realmente era la vida en ellas. Y añade: “Nos topamos con demasiados tópicos al hablar de la vejez y, por esto, no quería caer en ellos. Así que me documenté arduamente. Hablé con médicos, con enfermeros … y también charlé con muchos ancianos. Muchos de ellos me hablaban de su soledad.”

Según sostiene su autor, prácticamente todo lo que aparece en el tebeo son anécdotas reales, sacadas de todas sus visitas a las residencias y de sus muchas conversaciones. “Casi no he inventado nada. Las anécdotas reales son tan buenas que no se podían superar. Así por ejemplo, Emilio -el protagonista- es el padre de un buen amigo mío. También conocí a una señora que se pasaba el día mirando por la ventana, porque creía que viajaba en un tren infinito hacia Estambul, y a la que, para que comiese, había que convencerla de que la llevaban al vagón-comedor”, comenta el dibujante. Y concluye: “Ver estas cosas me hace creer que la fantasía en la vejez probablemente sea la única vía de escape y evasión, ante una realidad que ya no nos gusta.”

 

“La situación del cómic en nuestro país ha ido mejorando y evolucionando; ahora se tratan temas más complejos que además atraen a un público más adulto y femenino”

 

De un cómic extraordinario, una película sublime

Se puede decir que “Arrugas” se ha convertido en uno de esos casos atípicos y extraordinarios, en el que ha coincidido tanto el éxito de crítica como de público. Un éxito global avalado por los múltiples premios recibidos (Premio Nacional del Cómic 2008, entre otros muchos) y por la larga vida comercial que ha tenido y sigue teniendo, incluso en estos momentos.

Así pues, este cómic en Francia -donde se publicó primero- agotó la primera edición a los pocos meses de salir a la venta, llegando a ser seleccionado como una de las mejores 20 obras de ese año, junto a títulos de Sfar, Bilal, Blain, David B o Bourgeon. Sin embargo, lo verdaderamente sorprendente ha sido el hecho de que, en nuestro país, su éxito ha sido aún mayor. Tanto ha sido así, que ha alcanzado la increíble cifra de los 45.000 ejemplares vendidos, convirtiéndose de esta manera en todo un best-seller a nivel nacional e internacional.

Sobre ello, y según su autor, “su éxito me ha impactado, porque ha llegado a todo tipo de público, y por igual. Yo creo que eso es lo máximo a lo que puedes aspirar. Dentro del mundo del cómic, las críticas y los premios reconocieron que había gustado bastante. Y, por otro lado, se ha conseguido a su vez atraer a un público poco habitual, sobre todo más adulto y menos introducido en el mundo de los comics. Pienso que en el fondo ese público es el que más lo ha comprado, y el más destacable al ser un sector que no leía comics y que ha empezado a hacerlo gracias a Arrugas.”

Además, “es importante destacar, por otra parte, su acogida dentro del público infantil”, afirma el dibujante, “ ya que, como ejemplo, en muchos colegios donde he ido a dar charlas lo han seleccionado como material didáctico, como lectura escolar.”

De este modo, el enorme éxito global generado hizo que también las productoras cinematográficas se fijaran en este cómic, para llevarlo a la gran pantalla. Finalmente, fue Perro Verde Films la que adquirió los derechos en el año 2009, produciéndose el estreno de su película en enero de 2012.

 

Dirigida por Ignacio Ferreras, la película contó con la colaboración de Paco Roca en el guión -en el que también intervinieron el mismo director, Ángel de la Cruz y Rosanna Cecchini-, y en el diseño de los personajes. Un grandioso trabajo que, finalmente, se vio recompensado con los galardones obtenidos: el Goya a la Mejor Película de Animación y al Mejor Guión Adaptado 2012.

En palabras de Roca, “cambian algunas cosas, incluso los personajes … pero está el espíritu. Está lo que yo quería contar. A mí me parece bien que no sean tan iguales el cómic y la película, que tengan sus pequeñas diferencias, porque así se complementan uno y otro.”



Este brillante dibujante, nacido en Valencia en el año 1969, compagina el cómic con la ilustración. Entre sus trabajos más recientes se encuentran los comics “El invierno del dibujante” y “Memorias de un hombre en pijama”, además de las ilustraciones realizadas para “La metamorfosis y otros relatos” de Kafka. Paco Roca habló para Kekorto sobre “Arrugas”, su trabajo hasta ahora más reconocido.

Para comenzar, ¿qué es lo que más destacarías de esta nueva corriente -de la que tú eres uno de los principales pioneros- denominada “cómic social”?

Las historias, y sobre todo la libertad de poder contar lo que quieres y, además, como quieres.

¿Antes de este cómic han existido otros que se enmarcaran de alguna manera dentro de esta tendencia?

Yo creo que no, aunque también coincidió en el tiempo con el cómic “María y yo” de Miguel Gallardo. Salieron prácticamente los dos al mismo tiempo, y considero que ambos han abierto una especie de brecha en este sentido. Antes de ellos, no había ningún cómic etiquetado como “cómic social”. Después, sí que han ido apareciendo más trabajos como “Una probabilidad entre mil”, y otras cosas parecidas. Desde luego en España, no existían. En Francia, sí que había alguno como “El epiléptico. La ascensión del gran mal”, una novela gráfica autobiográfica de David B sobre la epilepsia de su hermano, publicada en 1996.

¿Qué has aprendido con “Arrugas” y qué has aprendido de la enfermedad de Alzheimer?

Con respecto a esa enfermedad, he aprendido que, por un lado, es una enfermedad terrible no solamente para quien la padece, sino también para todo el entorno familiar. Sobre los pacientes, en los estados más avanzados de la enfermedad, cuando parece que ya poco queda de ellos, he podido descubrir que en su interior sigue habiendo algo, ya que siguen emocionándose con una música determinada por ejemplo; y, sobre todo que las palabras de cariño y las caricias siguen siendo un estímulo para ellos. Con lo cual no es lo mismo tener a una persona con Alzheimer desatendida o apartada en un rincón, que en un entorno familiar con el cariño de sus seres queridos.

En cuanto a lo que he aprendido con “Arrugas”, podría decir que he aprendido de todo por lo que lo hice. Lo hice para hablar de mis padres, para hablar de la vejez, y en cierta forma para comprender la soledad que está implícita en la vejez en la mayoría de los casos, en la vejez en general y, en particular, en las residencias de ancianos.

En este sentido, “Todo tiene que ser de otra manera…” es una frase recurrente proveniente de uno de los ancianos residentes asistidos, que aparece en el cómic en varias viñetas. Cuando lo leí, me llamó la atención esta frase. ¿Qué es lo que has querido transmitir o de alguna manera insinuar con ella a los lectores?

Era una frase que repetía una de las personas del piso de los asistidos que tenía una demencia. Al mismo tiempo, al final -no sabes muy bien por qué- te quedas anclado, con las demencias y demás, en una parte de tu vida, con una frase recurrente o con lo que sea. Me parecía que esa frase, además, decía mucho.

¿Una crítica al “uso” de las residencias tal vez?

En cierta forma es como yo veo a las residencias, que está claro que son muy necesarias en la sociedad actual en la que vivimos y que tienen que seguir existiendo, pero que creo que deben de ser de otra manera. En estos momentos, en la mayoría de los casos las residencias se convierten en el lugar donde las familias piensan y sienten que sus familiares mayores van a estar bien y mejor; en el que los pueden dejar y ya está. Digamos que a veces parece que los clientes de las residencias son más los familiares que las propias personas mayores. En ese sentido, creí que esa frase podía estar bien, que decía mucho sin aparentemente decir nada.

 

“Arrugas surgía de la necesidad de hablar de la vejez aun a sabiendas de que podía ser un fracaso comercial”


En la actualidad, ¿estás trabajando en algún proyecto similar?

La verdad es que no. Para mí cada proyecto es diferente. Es como empezar de cero. Hacer un cómic es un proceso largo, al que le dedicas un par de años de tu vida o más. Por esto, tienen que ser proyectos en los que tú te sientas a gusto. Para mí buscar temas nuevos es fundamental, temas que merezcan la pena y que te hagan pensar en que sí que puedes dedicarles esos años.
“Arrugas” surgió en su momento por una necesidad de hablar de ese tema, y no tengo pensado volver a hacer algo en ese sentido, aunque quizá en un futuro surja algo nuevo que contar, pero por ahora no. Muchas veces me han preguntado que por qué no continúo con “Arrugas” y hago una especie de “Arrugas II”, o por qué no cuento la vejez de otra forma … pero no.
“Arrugas” surgía de la necesidad de hablar de la vejez aun a sabiendas de que podía ser un fracaso comercial. Repetir el esquema en este caso ya sería desde otro punto, desde el punto de intentar aprovecharse del éxito de este cómic, y esa no es mi intención y ahora es lo que no me apetece hacer.

Finalmente, hasta mediados de octubre permanecerá abierta tu primera exposición en el MuVIM. ¿Qué nos podemos encontrar y, sobre todo, qué podemos descubrir de ti en ella, especialmente en relación a todas aquellas personas que nos acabamos de introducir en este mundo?

Sinceramente creo que puede ser bastante interesante para ese tipo de gente. Al final siempre lo que vemos impreso, lo que se publica, ya sea en un cómic, un libro … o los espectadores cuando ven una película, lo que aprecian es solo la punta de un iceberg. Pero debajo del nivel del mar, hay una gran parte que no ven. Y en este caso, esa parte es todo el enorme trabajo que hay detrás de hacer un cómic. Con respecto a “Arrugas”, sería todo el trabajo previo de documentación, las visitas a las residencias, las conversaciones con los médicos, el guión, el diseño de los personajes, los bocetos de las páginas …

Principalmente me interesaba mostrar toda esa parte, todo lo que hay detrás de la construcción de una historia. Por un lado, podréis encontrar todo lo referente a “Arrugas”, “Las calles de arena”, “El Faro”, “El invierno de un dibujante”, “Memorias de un hombre en pijama”, también parte de mi trabajo como ilustrador … Y luego, además, lo único inédito que hay en el MuVIM son “Mis libretas de viaje”. Cuando viajo suelo dibujar y es un material que nunca había enseñado porque lo he hecho para mí, por el placer de dibujar, pero que ahora lo podréis ver en este museo también.

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2 comments
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  1. Genial, artículo y entrevista. Quizá la verdad en la que más coincido con Paco Roca es el hecho de que los clientes de las residencias no sean los residentes sino los familiares. Esto se hace quizá mucho más patente en casos de Alzheimer, que es una enfermedad en la que el enfermo es el familiar además de quién la padece, aunque de forma diferente. Tener un familiar con Alzheimer es hasta tal punto insostenible que resulta difícil de explicar, no solo por ver como una persona a la que quieres se va olvidando de todo hasta que se olvida de cómo se traga o cómo se respira (que es algo que no creo que nadie que no lo haya vivido sea capaz de hacerse siquiera a la idea de lo psicológicamente inabarcable que se puede llegar a hacer) sino también por tener que evitar que se tire por la ventana pensando que es la puerta o que se ponga ciego a jabón porque no se acuerda de qué sabor tenía el chocolate. Es una lucha constante para evitar perderle, en todos los sentidos. Tener un familiar con Alzheimer es luchar contra la desesperación de una forma tan constante que, efectivamente, los clientes de las residencias son los familiares pero también los familiares se convierten en enfermos. En muchas ocasiones la residencia es una ayuda a la imposibilidad física de tener a un enfermo de Alzheimer en casa y el olvido de uno se convierte en excusa para evitar el dolor inmenso del que sí recuerda y ve cómo el otro va dejando de hacerlo.
    He leído varios libros de Paco y este me parece de los mejores. Aunque siempre me ha llamado la atención la sencillez de su trazo y su capacidad para narrar de forma que resulte sencillo y ameno entrar en el mundo del cómic de su mano. Sin duda Arrugas lleva esa virtud al máximo también gracias al tema que trata y a la forma en que lo hace. Cómics sociales hay muchos así que, Conchi, ahora ya no vas a poder dejar de leerlos, te hago una lista de recomendaciones si quieres. ;)

  2. Muchísimas gracias, Sandra. Espero tus recomendaciones,,, Un besito ;-D

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